martes, 11 de marzo de 2008

Junta para Ampliación de Estudios en Investigaciones Científicas (JAE)

La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), institución que el pasado año 2007 cumplió un siglo, representó un hito en la historia de la ciencia y la cultura españolas.

Los impulsores de la Junta creían que la única manera de mejorar la situación del país y modernizarlo para alcanzar las cotas de las naciones más desarrolladas era estimular la investigación (en ciencias y humanidades) y la enseñanza.

Por eso pusieron en marcha tres tipos de iniciativas: un programa de becas -denominadas pensiones- para que profesionales de todas las áreas, especialmente profesores, tuviesen la oportunidad de especializarse y ampliar sus estudios en el extranjero; la creación de centros de investigación de alto nivel de todas las disciplinas (entre los que destacaron el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales, el Instituto Nacional de Física y Química y el Centro de Estudios Históricos); la creación de centros destinados a experimentar nuevos modelos pedagógicos para extenderlos posteriormente a toda la enseñanza pública (el Instituto-Escuela) y, por último, centros en los que se forjó, practicó y difundió un nuevo modelo cultural (la Residencia de Estudiantes).Finalmente, la JAE estableció contactos y colaboraciones científicas con organismos europeos, estadounidenses e hispanoamericanos, como la Fundación Universitaria de Bruselas, la Fundación Rockefeller o la Institución Cultural de Buenos Aires.

La JAE fomentó la investigación y la cultura científica sin hacer distinciones entre lo que conocemos como ciencias experimentales y humanas.

La actividad de la Junta fue, por todo ello, muy ambiciosa y extremadamente moderna ya que, tanto en su planteamiento como en su realización práctica y cotidiana pueden observarse numerosos elementos que hoy en día se practican en la investigación y en la enseñanza y son considerados innovaciones. La JAE fomentó la investigación y la cultura científica sin hacer distinciones entre lo que conocemos como ciencias experimentales y humanas. Ésta es una de las muchas lecciones que nos brinda el proyecto desarrollado por la JAE: el convencimiento de la imperiosa necesidad de superar esa falsa dicotomía entre ciencia y cultura, entre la ciencia, el arte y las humanidades. Mucho antes de que C. P. Snow, en los años sesenta del siglo XX, hablase de que una «tercera cultura» emergería y llenaría el vacío de comunicación existente entre los intelectuales de letras y los científicos, el Decreto fundacional de la JAE enunciaba una idea similar, y sus prácticas de investigación y educación interdisciplinar muestran la modernidad de su proyecto cultural.

La Importancia de la labor desarrollada por la JAE

En los progresos y extraordinaria pujanza cultural de la Edad de Plata la labor de la Junta tuvo una indudable influencia.

La actividad de la Junta tuvo una gran relevancia en España durante el primer tercio del siglo XX. En los progresos y extraordinaria pujanza cultural de la Edad de Plata la labor de la Junta tuvo una indudable influencia. Esta etapa de la cultura española supuso un momento de esplendor sólo comparable con el Siglo de Oro, y algunos de los españoles más universales, la mayoría vinculados a la llamada Generación del 27, colaboraron para que fuese así, muchas veces desde la Junta para Ampliación de Estudios. Las aportaciones científicas y pedagógicas de la JAE fueron fundamentales en el extraordinario desarrollo cultural del periodo y contribuyeron a la universalidad de la cultura española durante la Edad de Plata. Tal y como señala José Manuel Sánchez Ron en el catálogo de la exposición El laboratorio de España. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1907-1939) que conmemora -en la Residencia de Estudiantes hasta el 2 de marzo- el centenario de creación de este organismo, la JAE fue:
Un logro y también una esperanza. La esperanza de una España mejor, una España en la que las ciencias, las humanidades y la enseñanza alcanzasen los niveles -si no superasen-, la excelencia, de las naciones más desarrolladas. Había que ser mejores, sí, pero a través de la investigación, el estudio y la enseñanza. Y al menos durante los pocos más de treinta años que pudo existir, nada ni nadie hizo más y mejor que la JAE por cumplir aquel deseo largamente anhelado. De hecho, su influencia no duró únicamente aquellas tres décadas, extendiéndose durante mucho tiempo después, porque los buenos ejemplos, los modelos a seguir, no se desvanecen así como así en algún oscuro cajón de la historia; perviven -aunque tenga que ser durante algunos momentos, ocultos- en la memoria colectiva, mostrando que si en el pasado fue posible avanzar en el camino de la regeneración científica, ahora -un «ahora» que es «siempre»- también lo puede ser. [...] hay que insistir, una vez más, para que nadie lo ignore u olvide, que en los centros de física, química, matemáticas, ciencias naturales y biomédicas, al igual que en los de filología, historia, arte, filosofía o arqueología que creó o ayudó a mantener la Junta para Ampliación de Estudios, o a los que envió a los pensionados por ella, trabajó -más o menos tiempo- la flor y nata del pensamiento español de aquella época.

La Junta -al igual que la Institución Libre de Enseñanza de la que fue, en parte, heredera intelectual- procuró integrar a gentes de valía de todas las orientaciones políticas y religiosas, unidas por su afán de modernizar España a través de su proyecto cultural y científico.
La JAE perseguía intervenir y reformar todos los niveles de la sociedad española con un concepto amplio y abierto de la ciencia, la cultura y la educación, y para lograrlo necesitaba contar con colaboradores de todas las ideologías. Entre las personalidades más destacadas que trabajaron en la JAE estaban el neurofisiólogo Santiago Ramón y Cajal (que presidió la Junta hasta su muerte, en 1934), el filólogo Ramón Menéndez Pidal, el físico Blas Cabrera, el humanista Américo Castro, el ingeniero Leonardo Torres Quevedo, el historiador Rafael Altamira o el naturalista Ignacio Bolívar (sucesor de Cajal en la presidencia).

Algunas de las aportaciones de los investigadores españoles de la JAE a la ciencia internacional han contribuido a la construcción de la actual sociedad del conocimiento

Algunas de las aportaciones de los investigadores españoles de la JAE a la ciencia internacional han contribuido a la construcción de la actual sociedad del conocimiento; es el caso de las investigaciones de los neurofisiólogos (como los trabajos de Ramón y Cajal o los de Rodríguez Lafora sobre la epilepsia, aún hoy de actualidad), de los físicos y químicos (los estudios de Blas Cabrera o Catalán que contribuyeron al avance del magnetismo y la física cuántica, o los de Moles sobre los pesos atómicos), de los filólogos e hispanistas del Centro de Estudios Históricos (como las investigaciones de Ramón Menéndez Pidal o Manuel Gómez Moreno sobre la lengua o la historia del arte español), de los naturalistas (como los trabajos de Ignacio Bolívar o Eduardo Hernández-Pacheco, que se proyectaron en la creación de los actuales Parques Naturales), etc. En el año 2007, con motivo del centenario, se han celebrado numerosas actividades, algunas de ellas en la Residencia de Estudiantes.

Cabe destacar la exposición ya citada y el II Congreso Internacional en conmemoración del centenario de la JAE que tendrá lugar en la Residencia entre el 4 y el 6 de febrero de 2008 (ambas actividades organizadas por el Ministerio de Educación y Ciencia, a través del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Ministerio de Cultura, a través de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC); o las Jornadas «Las intelectuales de la Edad de Plata. El camino de la mujer hacia la igualdad civil», que se celebraron entre el 2 y el 4 de octubre de 2007 (organizadas por la SECC, la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología [FECYT] y la Residencia de Estudiantes).

Aunque la JAE no sobrevivió a la guerra civil porque fue disuelta por un decreto franquista en 1938, su labor continuó en la zona republicana y, posteriormente, supo proyectar su acción a través de sus científicos y pedagogos, algunos de los cuales trabajaron desde el exilio interior tendiendo puentes con los colaboradores de la JAE que se habían expatriado y que, por su parte, contribuyeron notablemente al progreso de sus países de acogida.

Autora del artículo: Alicia Gómez-Navarro (Residencia de Estudiantes. CSIC).
Pueden obtener mayor información en el siguiente enlace:

1 comentario:

cristina calandre dijo...

Como vengo explicando, y probando desde hace dos años ,no tiene rigor científico decir que la JAE funcionó hasta el final de la guerra española y a la vez dar por válido el Decreto franquista del 19 de Mayo de 1938 que la disolvió.Aceptar esto significa no reconocer jurídicamente a mi abuelo Luis Calandre Ibañez, como Subdegado de la JAE en 1938, asi como a los demas científicos que lucharon por la II República. !ya esta bién , asi es imposible recuperar la Memoria histórica !